Parthenope
Parthenope (2024) * Italia / Francia
Género: Drama
Duración: 136 min.
Música:Lele Marchitelli
Fotografía: Daria D'Antonio
Guion y Dirección: Paolo Sorrentino
Intérpretes: Celeste Dalla Porta (Parthenope di Sangro), Stefania Sandrelli (Parthenope mayor), Silvio Orlando (Devoto Marotta), Dario Aita (Sandrino), Daniele Rienzo (Raimondo di Sangro), Gary Oldman (John Cheever), Luisa Ranieri (Greta Cool), Peppe Lanzetta (Cardenal Tesorone), Isabella Ferrari (Flora Malva), Lorenzo Gleijeses (Sasa di Sangro), Marlon Joubert (Roberto Criscuolo), Alfonso Santagata (Comandante), Silvia Degrandi (Maggie).
1950
Un trasbordador llega con una recargada carroza llevada desde Versalles por el "Comandante", que se lo desea regalar a su ahijado, Raimondo.
La madre de Raimondo está embarazada de nuevo y poco tiempo después da a luz de nuevo, esta vez en el agua, observando el parto Raimondo desde la orilla, y el servicio desde los balcones, y entre ellos Sandrino y su madre, que es ama de llaves de la familia, y que se une a Raimondo.
Cuando ven que es una niña, el Comandante, que también acudió al parto pide que la llamen Parthenope, en honor a la ciudad de Nápoles, que señala al fondo.
1968
Parthenope sale del mar y fuera la espera Sandrino, y fuman juntos mientras él la observa con deseo
Lo lleva adentro y sube a la suntuosa carroza, y le dice a Sandrino que puede dar vueltas a la carroza para poder observarla desnuda desde todos los ángulos.
Él le pregunta si quiere salir con él y ella le responde que el futuro es más grande que ellos dos.
Parthenope acude a clase en la facultad de Antropología, donde consigue una matrícula de honor del profesor Marotta.
El comandante expresa su deseo de que Raimondo dirija su compañía de navegación cuando se jubile su padre, pero él asegura que no es como su padre.
Raimondo observa a Sandrino oliendo el bañador de su hermana.
Su padre dice que Raimondo es frágil como él, pero lo sabe todo y lo ve todo.
1973
Parthenope tiene un novio, Gianni.
Raimondo cuenta que en verano irá a Capri, pues sabe que allí veranea Alba Nardella.
Le pide luego que a su hermana que vaya con él y con Sandrino a Capri, aunque ella le dice que no tienen dinero, y Raimondo le pide que se deje llevar e intenta besarla, aunque ella se lanza al agua antes de que lo haga.
Pero acaban yendo los tres.
Se bañan en la piscina del hotel, aunque el gerente les pide que lo abandonen, pues ya no son huéspedes.
Sandrino se pregunta dónde dormirán esa noche y Parthenope le dice que hay una fiesta en casa de Silvana Piscitelli.
Mientras hablan se dirige a ellos un norteamericano, aunque no llegan a entablar conversación, pues en ese momento llega un hombre que trabaja para un hombre adinerado que la observa desde un helicóptero que sobrevuela el hotel y le pide en su nombre que acuda a una fiesta, aunque ella dice que va a ir a comer con un amigo americano, el hombre que se dirigió a ella antes, al que pregunte si la invitaría a comer, a lo que él accede y le pregunta en el restaurante si es consciente del caos que provoca su belleza.
En el restaurante se fija en ella Lidia Rocca, una representante de actores que le da su tarjeta pese a que solo representa a actores que ya triunfaron, pues dice que debería intentarlo y le da el teléfono de Flora Malva, una profesora de interpretación de Nápoles.
Entretanto, su admirador la sigue con el helicóptero y pregunta cuándo paseará con él.
Entretanto, el hombre que la invitó se pregunta cuántas promesas hechas en noches de borrachera se esfumaron.
Ella le pide que le permita ir a ducharse a su casa, llena de botellas y de escritos.
Debe ayudarle a sujetarse en pie de lo borracho que va y ella le pregunta si podría enamorarse de él, pero él le dice que también podría amarla si pudiera convencerse a sí mismo de que no le gustan los hombres.
Comprueba la fascinación que provoca mostrándose desnuda ante el joven que cuida el jardín, que le regala una flor.
Por la noche va a bailar con Raimondo y Sandrino y allí se dirige a ella un hombre que reconoce como el dueño del helicóptero, mientras que Raimondo encuentra allí a su adorada Alba Nardella.
Se va con el hombre del helicóptero, que la invita a comer marisco en su jardín, aunque ella le dice que hubo cólera en Nápoles por culpa de los mejillones, aunque él le dice que son de Normandía, a lo que ella le responde que eso es lo que le han contado.
Mientras va con el hombre hacia su casa se cruza con su hermano, que va con Alba.
Parthenope le dice que no puede acostarse con él solo por una cuestión de educación, aunque se puso un insinuante vestido, y le dice que el deseo es un misterio y el sexo su funeral y él le dice que no hay problema, pues en realidad no es para tanto y que sabe que durante el picnic no estaba pensando en nada porque no es inteligente.
Cuando se marcha, vuelve a encontrarse con el escritor norteamericano, que solo entonces se presenta como John Cheever, cuyos libros ella leía con fruición, y, le cuenta, en efecto, que ha leído todos sus libros.
Le pregunta si puede dar un paseo con él, pero le dice que no, pues no está dispuesto a robarle ni un minuto de su juventud.
Por su parte, Alba se insinúa a Raimondo, pero este le dice que no, preguntándose ella si hizo algo mal, proponiéndole él hablar.
Regresa a la fiesta.
Mientras observa las estrellas, Sandrino la observa a ella y Raimondo se acerca a este y le dice que ella no está enamorada de él, pero él sí. porque ella siempre huye.
Cuando ve que otro tipo la invita a bailar, Sandrino va a buscarla y ella le pide bailar con él, haciéndolo muy pegados. Raimondo se une a ellos y bailan los tres juntos.
Luego se separa Sandrino y ella baila acaramelada con su hermano, aunque lo vuelve a llamar para que se junte a ellos y se van los tres juntos.
Luego, en la playa, se besan ella y Sandrino, mirándolos celoso Raimondo.
Este encuentra a Cheever ya borracho de mañana.
Se retiran los tres juntos y van hacia las afueras, donde Sandrino y Parthenope se besan apasionadamente y hacen el amor.
Raimondo se aleja de ellos. Lo ve Cheever cómo se acerca al borde del acantilado, se sienta en el bordillo y se deja caer mientras, cerca de allí Parthenope y Raimondo hacen el amor.
Lleva su ataúd una hermosa carroza antigua con caballos elegantemente enjaezados, aunque interrumpe el cortejo un camión cisterna que lanza un líquido, porque, les dicen, llegó el cólera.
Va a ver al profesor Marotta para decirle que desea hacer su tesis con él sobre las razones antropológicas del suicidio y llora al decirlo, acorándose de su hermano.
Marotta le dice que él no la juzgará, ni ella a él, y le dice que le sugerirá otro tema, "las fronteras culturales del milagro".
Ya en casa, su madre le cuenta que concibieron a Raimondo en la misma noche de bodas, y le dice luego que sabe que fue culpa suya.
1974
Parthenope acude a ver a Flora Malva, que le dice que no tiene dicción ni intensidad, pero es perturbadora y puede enseñárselo todo excepto los suspiros del amor.
Le pregunta por qué quiere ser actriz y le dice que porque en las películas antiguas los actores siempre tienen la respuesta correcta.
Flora lleva cubierta su cara y el mayordomo le cuenta que un cirujano brasileño le hizo una desgracia.
Le dice a Parthenope, mientras está en un baño de vapor, que le dice que es lo que hace que su piel mejore. Le dice que hace 20 años que no besa a nadie, desde que se quedó viuda, aunque ella le dice que le gustaría verle la cara, a lo que le responde que entonces no la besaría, y accede a hacerlo.
Sasa deja el trabajo. Su hija le dice que se están volviendo locos, aunque le dice que un nieto ayudaría.
Llega a Nápoles Greta Cool, una bella diva que nació allí y que acude ante sus conciudadanos para un homenaje en forma de escultura abstracta.
Al verla dice que el problema no es esa horrible escultura sino los napolitanos, que están deprimidos sin saberlo y están desaliñados y son folclóricos y todos se ríen de ellos. Que son pobres, llorones y retrasados. Un pueblo de miserables que se jactan de serlo y les dice que ella regresa al norte, pues hace mucho que no es napolitana y se ha salvado, pero ellos están muertos.
Sus contratantes le dan un millón en vez de los 30 prometidos, por haberlos insultado y humillado y por ser una ingrata, pues de no ser por esa ciudad sería una prostituta.
Enfadada, muerde la oreja del naviero, que le agarra del pelo y le quita la peluca, por lo que corre a su camarote, al que llega Parthenope, que le dice que la envió Flora Malva.
Ante ella vuelve a decir que esa ciudad no será elegante nunca y que solo se acuerda de ella cuando le llega el agua al cuello y el único recuerdo de esa ciudad que tiene es de amores pobres.
Le dice que es guapa pero sus ojos están apagados y eso a la cámara no le gusta, por lo que le pide que se olvide de su deseo de ser actriz y que la vea a ella, que, pese a ser la más importante de todos no es feliz.
Al salir ve a un hombre que se presenta como Roberto Criscuolo.
Le pregunta si le gustó el discurso de Greta, diciendo ella que le pareció original y Roberto le dice que todo lo que dijo es verdad.
La lleva en su moto hacia su barrio, con la que va haciendo el caballito y ella ríe.
Observa que allí todos parecen querer a Roberto. Los niños se acercan a él, que los abraza y leas hace regalos, excepto un niño que le dice que es un engreído.
En el barrio obrero se respira misera en cada rincón.
Roberto la invita a participar en un extraño ritual, la Gran Fusión, en que dos jóvenes, pertenecientes a dos familias de la Camorra enfrentadas, Ciro Criscuolo y Vittoria Da Casamicciola deben consumar su amor, tras ser bendecidos por un sacerdote, delante de un montón de miembros de ambas familias para unirlas.
A los dos jóvenes les cuesta iniciar su apareamiento ante toda la gente, aunque finalmente consiguen hacer el amor, siendo aplaudidos por todos al finalizar el acto.
También Parthenope hace luego el amor con Roberto.
1975
Tras retomar sus estudios, Parthenope obtiene la mejor nota, aunque Marotta le reprocha que se graduara tarde, diciendo ella que le hicieron creer que podría convertirse en actriz, pero que siente que la universidad es su sitio.
Al quedarse embarazada de Criscuolo va a una clínica para abortar.
Sandrino decide trasladarse a Milán, pues le aumentaron el sueldo y allí solo les queda el sentimiento de culpa.
Ella le echa la culpa de la muerte de Raimondo, pues aquella noche en Capri la distrajo con sus besos y sus caricias, aunque él le dice que Raimondo era frágil.
Ella dice que confundía lo irrelevante con lo importante como todos en esa ciudad que ella detesta.
Él le dice que se ha vuelto despiadada, presuntuosa y fría y que puede que nunca haya sabido amar a nadie, a lo que le responde que se ha vuelto adulta, aunque le recuerda que él fue su primer amor.
Predice luego su futuro. Le dice que en Milán se casará y tendrá hijos y tendrá una crisis y entonces la llamará para descubrir que ella no es el motivo, pero luego la crisis se arreglará y todo seguirá su cauce, porque ella solo fue un amor de juventud y estos nunca sirven para nada.
Ella le besa, pero él no le responde y ella le pregunta si ya no le gusta.
Va a ver al profesor Marotta y le cuenta que llegó tarde porque le hicieron un aborto ilegal, aunque él, sin juzgarla la toma como ayudante y le pide que le ayude a corregir los exámenes.
Se presenta una muchacha embarazada que no responde nada, pese a lo cual Parthenope le dice que tiene una matrícula de honor, y, cuando luego Marotta le pregunta por qué aprobó a la chica en vez de mandarla a la siguiente convocatoria, le dice que en la siguiente convocatoria tendrá ya un hijo y no irá.
El profesor le pregunta cómo murió su hermano y le pregunta luego desde cuándo no la abraza su padre, y ella dice que no se acuerda, y él le pide que lo abrace a él.
1982
Marotta la cita en su casa para hablar con ella de algo privado.
Allí le explica que vie solo con su hijo.
Ella le cuenta que la revista de estudios de antropología le propuso escribir sobre el milagro de San Gennaro y ya habló con el cardenal Tesorone, aunque el profesor le advierte que este es un sinvergüenza.
Le explica luego que se va a jubilar pronto y se convocará un concurso por la cátedra de Trento y le gustaría que participase, pues podría ganarla y luego volver a Nápoles y quedarse con su puesto, pues se parece a él.
Le confiesa luego que el verdadero motivo por el que quería que fuese es porque quería presentarle a alguien, aunque finalmente se echa atrás y no lo hace.
Acude a ver a Tesorone que va a celebrar la misa en que la sangre de San Gennaro debe licuarse como cada año, aunque en esta ocasión no se licúa.
Pero una de las feligresas comienza a gritar porque sangra entre sus piernas y da las gracias a San Gennaro por obrar el milagro y elegirla a ella, aunque Tesorone pide que la saquen fuera y le cuenta luego a Parthenope que la gente se inventa cosas para desviar la atención que hay sobre él.
Ella lamenta que la sangre no se licuara, aunque él dice que lo hará al año siguiente.
Ella le indica que desea ver el tesoro de San Gennaro, pero el cardenal le dice que no tiene tiempo, pues debe acudir a una fiesta, aunque la invita a ir con él.
La fiesta es en casa del Comandante, y allí una joven le recuerda que unos años atrás la vio allí haciendo el amor en el agua.
El cardenal afirma allí dice que Dios creó a los niños felices, pero luego se distrajo.
El Comandante le dice que es rara porque no se aprovecha de su belleza y recuerda que cuando se murió su hermano, murieron sus padres también.
Tras la fiesta, Tesorone le dice que ya puede enseñarle el tesoro de San Gennaro.
Parthenope se viste como un cardenal, con las joyas del tesoro, mientras que el cardenal va en calzoncillos y con el crucifijo colgado del cuello y le dice que parece una santa.
Cuando se quita la casulla lleva debajo un enorme collar que la cubre el pecho y ropa interior todo de oro y joyas que cubren sus partes.
El cardenal baja una cama plegable sobre la que ella se sienta y Tesorone se arrodilla ante ella y le dice que debería entregarse a él.
Reconoce que su cuerpo está hecho para el rechazo y lo normal es que lo rechacen, pero ella es una mujer sorprendente, aunque ella dice que es solo una mujer más, y él dice que se conformará con recordarla así y soñarla.
Ella le dice que le gusta, pues le gusta la osadía y él le dice que ella es como el milagro de San Gennaro, un misterio.
Ella lo invita a hacer el amor, aunque él le pide que no tenga tanta prisa y comienza a masturbarla.
Durante su relación, se licúa la sangre de San Gennaro.
Más tarde, Tesorone le dice que se avecina el cónclave y por ello no podrá volver a verla, pues desea ser Papa.
Años más tarde, la propia Parthenope observa el lugar donde murió su hermano mientras recuerda todo.
Volvió a casa de Marotta, que le preguntó cómo le fue con Tesorone, a lo que le responde que tenía razón, que es un demonio.
Marotta le dice que se va a jubilar y le pregunta si pensó en lo de Trento, a lo que le responde que no puede ser profesora de Antropología sin saber antes qué es la Antropología, a lo que él le dice que es ver, algo así de simple y ella dice que lo lleva haciendo toda la vida, aunque él le dice que es lo último que se aprende y se hace cuando te empieza a faltar todo lo demás, la juventud, el amor, el deseo, el placer…
Y en esta ocasión le presenta a su hijo Stefano, un ser gigantesco que parece un bebé y un adulto, enchufado a un gotero que ríe viendo en televisión programas infantiles.
Marotta le dice que está hecho de agua y sal, como es mar y ella dice que es guapísimo y toca su tripa antes de marcharse.
2023
Va a jubilarse, y recibe a dos de sus alumnas, una de ellas a punto de dar a luz y que le dice que si su bebé es una niña le pondrá su nombre, Parthenope, aunque ella le dice que no.
Le dicen que no se sabe nada de su vida privada y que no entienden que se quedara en Trento 40 años pese a haber podido regresar a Nápoles.
No se lo cuenta. Le preguntan por qué no se casó nunca y dice que nadie se lo pidió en serio y no tuvo en hijos porque estaba en otras cosas.
Tampoco responde cuando le preguntan qué hará ahora.
Cuando sale de su despacho se encuentra fuera con todos sus compañeros y alumnos, que le aplauden por toda una vida dedicada a la enseñanza universitaria.
Regresa, ya jubilada a su Nápoles natal, que bulle por la consecución del Scudetto y recuerda a Sandrino y a Raimondo.
Viaja en barco hasta Capri y se acerca hasta el lugar desde el que su hermano se suicidó.
Recuerda aquel momento, de los tres, ella, Sandrino y Raimondo, abandonados en un verano perfecto. Eran guapísimos e infelices. Fue maravilloso ser jóvenes, pero no duró mucho.
Recuerda que estuvo triste y fue frívola, decidida y apática como Nápoles, donde siempre hay sitio para todo.
Ahora está viva y sola.
Trata de responder a la pregunta que le hacía siempre Sandrino de en qué estaba pensando, y dice que en el amor para tratar de sobrevivir, lo que dice, fue un enorme error, o puede que no…
Regresa de nuevo a Nápoles y ve cómo avanza la comitiva de los aficionados del Nápoles y ella ríe al verlos, también contenta.