Te cuento la película

La puerta del infierno

Jigokumon (1953) Japón

Duración: 85 Min.

Música: Yasushi Akutagawa

Fotografía: Kohei Sugiyama

Guion: Teinosuke Kinugasa, Masaichi Nagata (Obra: Kan Kikuchi)

Dirección: Teinosuke Kinugasa

Intérpretes: Kazuo Hasegawa (Endo Morito), Machiko Kyô (Kesa), Isao Yamagata (Wataru Watanabe), Yatarô Kurokawa (Shigemori), Koreya Senda (Kiyomori), Kôtarô Bandô (Rokuro), Kunitarô Sawamura (Moritada), Jun Tazaki (Kogenta), Masao Shimizu (Nobuyori), Yoshie Minami (Tone).

Un hombre abre una caja con tres pergaminos.

Toma uno de ellos donde figuran ilustraciones de batallas.

"Hace más de 800 años, durante la Era Heiji, el señor Kiyomori, líder del clan Taira, junto con hombres de confianza se dirigió hacia el templo de Itsukushima.

Aprovechándose de ello, Yoshitomo Minamoto y Nobuyori Fujiwara atacaron el castillo de Sanjo, residencia del emperador en Kioto para realizar un golpe de estado.

Aquel enfrentamiento es conocido hoy como la Rebelión Heiji"

La gente huye despavorida del castillo ante el ataque y un hombre informa que el flanco sur cayó y que deben salvar al padre y a la hermana del emperador y partir a Rokuhara, y piden voluntarios que se hagan pasar por estos familiares para confundir al enemigo y que los verdaderos puedan escapar.

Kesa, una de las cortesanas, se ofrece como voluntaria para hacerse pasar por la hermana del emperador y encargan a un samurái, Morito que proteja su carruaje.

Al ver salir la carroza, el enemigo ordena que la detengan.

La mujer avanza en el carruaje ataviada como una princesa y sus escoltas tratan de detener a sus numerosos enemigos que enseguida los rodean y Kesa se desmaya mientras Morito aprovecha los enfrentamientos, para, tras soltar los bueyes, tirar él de la carroza y escapar del lugar y huir por un camino secundario hasta su casa familiar.

Una vez allí la baja del carro y la tumba junto a la vivienda donde no hay nadie.

Le lanza agua a la mujer para despertarla y le pide que sea fuerte.

Llega otro hombre, Rokuro de Mutsu, que le pregunta a Morito por Moritada, su hermano, al que dice que esperará.

Rokuro le explica que está a las órdenes de Samanokami y que tanto este como Uemon están muy impresionados por el trabajo que hizo su hermano, y Morito se entera de ese modo de que Moritada se ha aliado con los rebeldes.

Rokuro repara en la joven e indica que por sus ropajes debe ser la hermana del emperador y él le explica que es fiel al emperador, por lo que inician una pelea hasta que aparece Moritada, al que Morito le pregunta si no le da vergüenza apoyar la rebelión, a lo que su hermano le responde que el mundo ha cambiado, pues le cortaron el cuello al sacerdote Shinzei y Rokuhara está rodeada por la élite de Yoshitomo, aunque Morito le recuerda que no fue nunca uno de ellos, a lo que su hermano le replica que él tiene su propia opinión y se pregunta de qué le sirve serle fiel a Kiyomori y Morito le recuerda que juró lealtad, a lo que Moritada responde que no actúa así por cobardía, sino velando por su propio interés.

Morito le dice que no espere piedad de él, pese a lo cual Moritada no deja que sus hombres le hagan nada, pero le advierte que la ruta al oeste está bloqueada y lo anima a unirse a ellos.

Un soldado informa a Morito que lo peor pasó, pero que el padre y la hermana del emperador son prisioneros y que la cabeza del sacerdote Shinzei cuelga de la Puerta del Infierno.

Junto a esta, los hombres comentan que el sacerdote, tras la rebelión de Hogen ordenó decapitar a cientos y por eso la gente comenzó a llamarla la Puerta del Infierno.

Llega Nobuyori para inspeccionar el lugar y ver la cabeza y al verlo la gente se dispersa.

Llega también Morito que pregunta a un hombre qué fue de Rokuhara y le cuentan que pusieron precio a la cabeza de su hermano, aunque él asegura que no es como él e irá a ver a Kiyomori a la isla de Itsukushima, hacia donde partieron ya Heiroku y Tadatsuna, a los que se une, para lo que debe esquivar las flechas enemigas.

Ajenos a lo ocurrido, en el templo, Kiyomori y sus hombres asisten a una representación cuando entra un hombre para avisarlo.

Morito le explica lo ocurrido y que su padre y su hermana fueron hechos prisioneros y que se unieron a la rebelión varios clanes, y le confiesa que su propio hermano, Moritada, también, y que deben partir hacia Kioto cuanto antes, aunque Kiyomori les indica que son solo 50 hombres y sin armaduras, aunque su hijo le indica que tienen las armaduras de sus vasallos, que las llevaron en sus equipajes por precaución.

Cuando sale, Morito observa que los espiaba Masanaka, uno de los hombres del séquito de Kiyomori y lo ve dirigirse a los caballos, y se enfrenta a él y lo derrota.

"Kiyomori entró en Kioto con sus tropas y barrió a los rebeldes de Nobuyori en la Puerta de Taiken en Rokuhara al principio de la Era Eireki, el año del dragón, y el clan Taira retomó el control de la región."

Comentan que Nobuyori no creía que Kiyomori pudiese recuperar el país en un mes.

Junto a la Puerta del Infierno figura un listado con el nombre de los caídos en combate, como Rokuro, aunque Morito ve también el de Endo Moritada y reza por su alma.

Ve que está allí también Kesa y se dirige a ella, feliz al ver que consiguió escapar.

Ella le da las gracias por salvarla y dice que fue allí a rezar por las víctimas y le presenta a su tía, que le cuenta que son de Shirakawa, y que la hermana del emperador le puso el nombre de Kesa cuando comenzó a trabajar en el palacio.

Él las invita a su casa para ofrecerles algo de comer, aunque la tía le indica que Kesa debe regresar al castillo, pues la esperan.

En el castillo, Kiyomori otorga nombramientos a sus hombres más leales por su valentía y a Morito le concede por su valor, pues mató a Masanaka y por el valor con que luchó en la puerta de Taiken, pese a la traición de su hermano, que pida lo que desee, por lo que solicita que le concierte un matrimonio con Kesa, y el emperador le dice que hablará con su hermana.

Sonríe feliz por la promesa, aunque ve cómo los demás hombres ríen y le advierten que Kesa es esposa de Wataru Watanabe, de la guardia imperial, pese a lo cual él insiste en su petición y recuerda al emperador que le dijo que él siempre cumplía su palabra, aunque le dice que no le pueden dar la esposa de otro hombre.

Una amiga viuda visita a Kesa y le informa del suceso del que dice, todos hablan en la ciudad y le explican que se trata tan solo de un samurái de rango bajo.

Cuando llega su marido, ella le observa pálido y le pregunta si le inquieta algo, y comprende que escuchó el ridículo rumor y se preguntó si hizo ella algo que pudiera haberle dado alguna esperanza, aunque Wataru le asegura que no es culpa de ella.

Pese a ello llega un mensajero de Kiyomori, que solicita la presencia de Kesa, y, aunque ella pide que le digan que está enferma y no puede levantarse, su marido le dice que sería inapropiado rechazar la invitación, aunque ella tiene un mal presentimiento.

Acude a verlo y toca para él el koto. Y Kiyomori sonríe y dice, tras verla, que ahora lo entiende.

Se retira y pide a un sirviente que haga pasar a Morito, que espera fuera y le indica que, ya que la quiere tanto ha decidido darle una oportunidad para ver qué dice ella, que es quien debe decidir, y si lo rechaza debe aceptarlo con dignidad.

Morito se presenta ante ella, que continúa tocando, pese a que él le pide que pare, y finalmente la obliga a hacerlo y le cuenta que cuando le confesó a Lord Kiyomori su deseo no sabía que estaba casada, pero que no puede renunciar a ella.

Ella le dice que lo que desea es imposible y él le pregunta si puede entender lo que siente en su corazón y que haría lo que fuera por ella, que le responde que no puede ser porque ya tiene marido.

Él le pregunta si cree que es de un rango más bajo que este y ella reacciona tratando de marcharse, aunque él la retiene, y aparece entonces un sirviente que le dice que el señor la llama y se la lleva.

Wataru bebe y come con varios amigos, que llegaron para la carrera de caballos del día siguiente, que le dicen que no debe preocuparse por el campesino enamorado de su mujer, aunque llega entonces otro hombre que les informa que Morito se inscribió para la carrera de caballos, donde competirá con Wataru, por lo que su amigo se ofrece a participar por él para evitar problemas, aunque otro amigo dice que no hace falta, pues Wataru ganó a todos el año anterior y él les dice que es solo una carrera en homenaje a los dioses y siempre actuará con honor y que los dioses decidirán la victoria.

Cuando llega Kesa va a verla y la encuentra abatida y le explica que Kiyomori la llamó para poner a prueba sus sentimientos, pues le preparó un encuentro con Morito al que ella rechazó contundentemente, aunque se sintió humillada.

Su marido le dice que actuó impecablemente, pues no se pueden cambiar los sentimientos a la fuerza y les dio una lección y le pide que vaya a verlo en las carreras, pues son en honor a los dioses, aunque vaya Morito, pues competirá dando lo mejor de sí mismo y ganará, aunque pase lo que pase debe permanecer calmada o la gente se fijará en ella.

Salen tras ello al jardín para contemplar la luna y él le dice que no permitirá que nadie la separe de él mientras pasean y asegura que el día siguiente será un buen día.

Antes de la carrera, Morito asegura que destruirá a Wataru, aunque su asistente le dice que debe jugar limpio.

Su amigo le coloca el caballo delante para que no vea a Kesa cuando esta llega.

Mientras van a la salida, su amigo le insiste en que debe jugar limpio, y ve entonces a Kesa.

Se inicia una carrera muy competida con el morbo de todos por ver a los dos rivales y gana finalmente Morito.

Los hombres de Wataru le dicen a este que se dejó ganar, aunque él les dice que no es así, que Morito corrió mejor.

Durante la ceremonia de entrega de premios el príncipe insta a todos los participantes a olvidar sus rivalidades mientras recuerda que es una ocasión que tienen cada año para reunirse los diversos clanes de samuráis, y les anima a beber y a divertirse.

Mientras comen, un amigo de Wataru insiste en que este se dejó ganar, pues apenas utilizó la fusta, aunque él repite que Morito corrió mejor.

Enfadado, Morita dice que no es cierto lo que dicen y pide correr de nuevo, y que si es necesario, se batirán en duelo, aunque Wataru opta por marcharse, ante lo que Morito lo reta a él y a todos los que creen que ganó de forma injusta.

El príncipe le indica a Morito que no puede olvidar el significado de esa fiesta y que la fuerza es inaceptable y le pregunta si cree que su comportamiento por una mujer es digno de un samurái y le obliga a marcharse.

Tone, la sirvienta de Kesa le dice a esta que debe esconderse, pues Morito está enfurecido y desea verla, pues dice que tiene algo importante que decirle, y, aunque ella le dijo que había salido a hacer un recado, él dijo que no se iría hasta que ella vuelva.

Tone sale de nuevo y le dice a Morito que la señora fue a visitar a su tía y que no regresará hasta la noche, y consigue así que se marche, y Kesa reza.

Morito decide ir hasta Shirakawa el pueblo de la tía y avanza entre los castaños hasta la casa de esta y le dice que sabe que está allí Kesa y cuando la mujer le dice que no está allí él dice que registrará la casa.

Se da cuenta de que le mintieron y de que estaba en su casa y asegura que se niega a renunciar a ella y pide a la tía que mande llamar a su sobrina.

La mujer le dice que no puede hacerlo, y él asegura que matará a todo el que se ponga en su camino, y la tía le advierte que incluso aunque se lo pida ella podría negarse.

Él le dice que si envía a un mensajero y dice que está en su lecho de muerte irá.

Wataru encuentra a su mujer escondida rezando y le dice que llegó un mensajero para decirle que su tía está enferme y quiere verla.

Acude por ello a verla y descubre que está allí Morito, que la tranquiliza y le dice que su tía no está enferma. Y esta se disculpa por haberla hecho llamar, pues la forzó a hacerlo con amenazas y le pide a él que no le haga nada y él le asegura que no lo hará.

Ella le pregunta qué desea de ella y él le dice que desea que escuche le voz de su corazón, aunque ella le asegura que lo que escuche no cambiará nada.

Él le dice que renuncia a todo lo que tiene, pues solo le importa ella, y Kesa le dice que le salvó la vida y se lo agradece, pero que no hay amor en ella, aunque Morito la retiene contra una viga por la fuerza y le obliga a escucharlo.

Le dice que ella sabe que le pertenece aunque Kesa le asegura que diga lo que diga nunca le entregará su honor.

Él le pide que abandone a su marido, pero ella le dice que no podría, ante lo que él le asegura que si no lo hace, lo matará, a él, a su tía, e incluso a ella, que le pregunta si tal precio pagaría por tenerla y él le asegura que la quiere y que no puede vivir sin ella.

Ella le dice que hará lo que quiera.

Él dice que lo matará esa noche. Le pide que lo lleve hasta él y que esa noche, a las nueve apague la luz de la habitación de Wataru, y que si no le obedece matará a todos, y advierte a la tía que si sale de la casa, le cortará el cuello.

Kesa regresa a su casa, donde encuentra a su marido leyendo y pide a Tone que prepare sake y que se retire y le regala luego una joya para que la recuerde.

Ve que su marido se quedó dormido mientras leía, y, cuando la envía a descansar, ella le dice que tiene miedo, pues siente como si hubiera alguien y él la acompaña y comprueba que no hay nadie.

Ella le da sake y Wataru le pide que toque para él para animarse y observa fuera la luna llena mientras escucha la música que ella interpreta.

Con la música y el sake vuelve el sueño a él, que le pregunta por qué toca algo tan trise y le ve lágrimas, por lo que le dice que tome sake para relajarse, pues está cansada.

Ella bebe y él observa que nunca se lo había tomado de un sorbo.

Le dice que deben irse a dormir, pero ella le pide que siga un rato despierto y que esa noche duerma en la habitación de ella, y él se tumba y escucha su música.

Morito llega a la Puerta del Infierno y pregunta al ciego que toca allí por la hora, y le responde que son casi las 9.

Kesa observa a su marido que duerme en su estancia, lo tapa y le desea que tenga larga vida, y se retira luego ella a la habitación de él.

Fuera sopla el viento mientras Morito avanza hacia la casa.

Ella apaga la luz, tal como él le indicó que hiciera y él se acerca sigilosamente mientras ella se acuesta en la cama de su marido.

Morito se abalanza y le clava el sable antes de percatarse de que era ella y no Wataru.

Llora entonces compungido y asegura que jamás creyó que haría eso por él y le pide perdón mientras llora y le dice que lo siente y dice que la ha matado en la flor de la vida sin haber sabido ver la verdad de su corazón.

Busca luego a gritos a Wataru por la casa, y cuando este se despierta por los gritos y ve a Morito se sorprende, y más cuando este le pide que le corte el cuello, pues el amor lo volvió loco y, creyendo que era él, mató a Kesa, pues para ella era una vergüenza que él la amara y se sacrificó poniéndose en su lugar.

Creyó que podría conquistar su corazón por la fuerza, y debe morir.

Wataru corre a su cuarto para comprobar que en efecto yace allí Kesa muerta y comprende que lo de antes fue una despedida y no entiende por qué no se lo dijo y cómo pudo pensar que le complacería verla morir así, pues esperaba que su mujer tuviera total confianza en él y no entiende que no le pidiese ayuda, y llora desconsolado junto a su cadáver.

Ve a Wataru tranquilo y le pide que descargue su rabia sobre él, aunque Wataru le dice que esa no es la respuesta, pues aunque le cortase el cuello, Kesa no volvería a vivir.

Le dice que si le mata como le pide sus penas habrán acabado, pero se pregunta qué será de él tras ver que su esposa no confió en él ni siquiera para evitar su muerte.

Morito le dice que tiene razón y que dedicará el resto de su vida a sufrir por lo que hizo y que ese será el primer día de una vida de sacrificios.

Se corta su pelo de samurái y dice que será desgraciado hasta su muerte.

Tiempo después camina junto a la Puerta del Infierno vestido como un monje.

Calificación: 8