Te cuento la película

Gladiator II
Gladiator II

Gladiator II (2024) * G.B. / USA

Duración: 148 min.

Música: Harry Gregson-Williams

Fotografía: John Mathieson

Guion: David Scarpa (Historia: Peter Craig y David Scarpa)

Dirección: Ridley Scott

Intérpretes: Paul Mescal (Lucio Vero Aurelio / Hanno), Denzel Washington (Macrino), Pedro Pascal (Justo Acacio), Connie Nielsen (Lucila), Joseph Quinn (Emperador Geta), Fred Hechinger (Emperador Caracalla), Alexander Karim (Doctor Ravi), Tim McInnerny (Senador Tracio), Lior Raz (Viggo), Derek Jacobi (Graco), Peter Mensah (Jugurtha).

"16 años después de la muerte de Marco Aurelio, su "Sueño de Roma" se ha olvidado.

Bajo la tiranía de los hermanos emperadores Geta y Caracalla, florece la corrupción.

Su despiadada hostilidad se propaga como la peste por todo el Imperio.

La caída de la gran ciudad es inminente.

Solo quedan las esperanzas de aquellos que aún se atreven a soñar…"

Un joven, Hanno da de comer en el campo a las gallinas y cuida de su huerto junto a su esposa Arishat cuando de pronto suena la alarma en la fortaleza cercana.

La pareja se pone sus trajes de guerreros.

Numidia 200 D.C

Una gigantesca flota romana, al mando del general Acacio se dirige dispuesta a tomar la ciudad, cuyos guerreros se disponen a defender.

Arishat pone su anillo a Hanno y le dice que donde él esté, ella estará para siempre, y Arishat hace lo mismo a su vez y repite sus palabras.

Hanno arenga a los suyos y les advierte que los romanos lo arrasan todo y van dejando destrucción, aunque lo llaman paz, y esa es la última ciudad libre de África Nova.

A medida que las naves avanzan, Hanno ordena fuego, lanzando sus catapultas bombas incendiarias que impactan contra varias de las naves romanas, que lanzan a la vez las suyas contra la fortaleza.

Y siguen luego los arqueros intercambiándose sus flechas y las naves se acercan a las murallas y alzan una enorme torre y combaten fieramente contras los númidas.

Al ver la certera puntería de Arishat, Acacio pide a sus arqueros que disparen sobre ella, que es, en efecto alcanzada por una flecha y cae al mar.

Mientras la observa, Hanno es golpeado y cae también al mar.

En la playa ve cómo la barca de la muerte recoge a Arishat y el corre tratando de impedirlo, pero ella le mira serenamente y le dice que le esperará.

Él grita de desesperación.

Terminada la batalla, numerosos cadáveres flotan en el agua, Arishat, a la que recoge Hanno, entre ellos, aunque la obligan a soltarla los romanos.

Frente a la ciudad conquistada, los romanos incineran los cadáveres ante el dolor de los númidas y Acacio reclama la ciudad para Roma.

Los numerosos cautivos son marcados a hierro y llevados a los barcos como esclavos.

Mientras cura las heridas de Jugurtha, el jefe de los númidas, este recuerda el momento en que Hanno llegó hasta ellos desde el desierto. Era entonces un niño asustado que abrazó sus costumbres y enseñanzas y encontró el amor de su vida.

Jugurtha le dice que cuando él muera, sus antepasados lo recibirán en el otro mundo y se pregunta quién lo recibirá a él, y lo anima a no permitir que cambien quién es.

Se recuerda jugando con sus amigos, de niño, cuando llegaron soldados romanos a caballo para buscarlo.

Él salió corriendo y su madre le pidió que huyera solo y que no dejara que lo encontraran.

Salió a caballo huyendo.

Ostia. Puerto de Roma

Llegan las naves victoriosas y los prisioneros se asoman con curiosidad.

Todos reciben a Acacio como un vencedor frente a la monumental ciudad.

Recibido por los gemelos emperadores, Geta y Caracalla, les cuenta que tomó Numidia en su nombre y lo coronan con laureles.

Le dicen que para honrar su conquista habrá juegos en el Coliseo, aunque él dice que solo necesita un descanso para estar con su mujer, aunque los emperadores se preguntan por qué ella no ha asistido a tan magna ocasión pese a sus privilegios y le dicen que todavía les quedan victorias por conseguir como Persia o India.

Ancio. Alrededores de Roma

Los esclavos avanzan en carros enrejados sintiendo el desprecio de los romanos que los apedrean.

Llega al mercado, buscando gente nueva Macrino de Trisda, señor de gladiadores y ve cómo salen al coliseo local para comenzar el espectáculo.

Deben enfrentarse a una manada de babuinos rabiosos a los que lanzan dardos para excitarlos más tratando de ver cómo se defienden y si pueden ser gladiadores, y Hanno observa cómo Jugurtha no se defiende, deja que lo ataquen.

Él trata de ayudarlo y se enfrenta valientemente contra el babuino más fiero, al que logra derrotar, mordiendo él al mono.

Macrino, al verlo decide comprarlo junto con otros esclavos a los que lleva a su escuela de gladiadores, donde les indican que la arena convierte a los esclavos en gladiadores y a estos en hombres libres.

En el comedor, el resto de esclavos se burlan de él imitando a los monos.

Macrino le pregunta por su lengua natal, pero ve que no le responde, por lo que decide ponerlo a prueba contra Viggo, el propio entrenador y ve que es un gran luchador.

Le dice que es un arte elegir gladiadores y él los elige por la ira y le dice que será un gran gladiador, a lo que le responde que no para él, a lo que le responde que lo hará por seguir viviendo y le pregunta qué cabeza puede ofrecerle para satisfacer esa furia y él dice que la del ejército romano, aunque con el general Acacio le basta.

Macrino le asegura que si pone su ir a su servicio tendrá su cabeza lista.

Acacio le dice a su esposa, Lucila, que los emperadores agotaron su paciencia y no desea perder a otra generación de jóvenes por su vanidad. Y si vuelve a combatir, será para derrocarlos y espera que sus tropas desembarquen en Ostia en 10 días y ella le pregunta cuántos hombres le serán leales solo a él y él asegura que todos.

El senador Tracio recibe en Roma a Macrino, llegado para los juegos y ve que en la fiesta están los emperadores y numerosos senadores.

Tracio y él apuestan 2.000 denarios de oro. Enfrentarán a Hanno contra su mejor hombre, y a petición de los emperadores, a espada y a muerte.

Él trata de convencer al otro gladiador de que no maten para divertirlos, lo que el otro rechaza, por lo que, tras una dura lucha, vence Hanno.

El emperador le pregunta de dónde es, a lo que no le contesta, por lo que lo hace Macrino, que le cuenta que es de las colonias y no habla su lengua.

Pero él entonces recita un poema de Virgilio y le dicen que esperan ver a su poeta combatir en la arena.

Ya a solas, Macrino le dice que luchó bien, pero tuvo suerte, y sabe que los versos recitados no los aprendió en África y él dice que se lo enseñó un oficial romano cautivo cuando lo custodiaba.

Le pregunta dónde nació, aunque él dice que no importa su pasado si su futuro es morir en la arena.

Macrino le da dos monedas de oro y él pregunta para qué quiere él dinero romano, aunque Macrino le recuerda que un gladiador puede comprar su libertad.

Lucila visita a Graco, reunido con otros senadores con Acacio, dispuestos a recuperar la ciudad y desean actuar el último día de los juegos.

Para ello Acacio tiene a su ejército con 5.000 hombres esperando en Ostia. Entrarán en Roma y luego en el Coliseo, donde arrestarán a los emperadores por sus crímenes.

Tracio piensa que su plan es ambicioso y arriesgado, aunque Acacio le recuerda que devolverá el poder al Senado como quería Marco Aurelio.

Graco cree que el pueblo entre tanto ha perdido la esperanza recuerda a Lucila que él era leal a su padre y Tracio le pide que recupere lo que le pertenece por derecho. Y el senado la apoyará.

La puerta de entrada a Roma

Los gladiadores entran a la ciudad, donde se apilan los despojos de la sociedad.

Pasan bajo la loba y bajo los dos hermanos proscritos y abandonados en las colinas.

Cuenta su historia Hanno, al que preguntan de qué conoce ese lugar, y él dice que del caos que llevaron los romanos y asegura que la ciudad agoniza.

Llegan los gladiadores al coliseo y los emperadores piden a Acacio que hable, y es aclamado.

Macrino ofrece a Tracio doble o nada por el enfrentamiento entre sus gladiadores.

Los gladiadores de Macrino deben enfrentarse a Gliceo, el campeón los de los emperadores, que sale sobre un fiero rinoceronte.

Hanno guía a los suyos a los que pide que no se separen y que se acerquen al muro cuando ataque.

Cae enseguida el único que no le hizo caso y que acusa a los demás de cobardes.

El primer asalto contra Hanno acaba con este por los suelos y al verlo, los emperadores recuerdan que es el poeta y el principio de la poesía que recitó que no recuerdan bien y que termina Lucila al escucharlos.

Como está en el suelo, los emperadores preguntan a Lucila si muestran piedad, y ella lo solicita, aunque Hanno dice que no desea aceptar la piedad romana, por lo que continúa la pelea y acaba con Gliceo, para el que esta vez el emperador pide muerte y Hanno le corta la cabeza.

Todo el público y los gladiadores corean el nombre de Hanno.

Lucila, luego a solas recuerda en el gesto de Hanno al coger arena, que es el mismo que en su día hizo Maximo y se acuerda de él y de sus últimas palabras preguntando si Lucio estaba a salvo.

Recuerda que ella le dijo que ahora él era el único heredero al trono y que había hombres que deseaban matarlo para hacerse con el poder y le prometió llevarlo de vuelta, pasado el peligro y que no olvide quién es y que le quiere, antes de su huida.

Un médico, Ravi, cuida las heridas de Hanno y le dice que hay más hombres que mueren por heridas infectadas que en la arena y le cuenta que él también fue gladiador

Macrino va a ver a su gladiador y le dice que su ira le llevará a la grandeza.

Acude luego a ver a Lucila, que lo invitó y él recuerda que él estaba en el ejército de su padre en la campaña de África.

Ella le pregunta dónde consigue los gladiadores, a lo que le responde que suelen ser prisioneros de guerra o vagabundos.

Intrigado por su interés, Macrino hace averiguaciones y le cuentan que Lucila tuvo un hijo, supuestamente con Lucio Vero, aunque a este no le gustaban las mujeres y se rumoreaba que era hijo de Comodo.

A escondidas, y ayudada por el senador Graco, Lucila va a ver a Hanno.

Le pregunta si la conoce. Como no le responde le pregunta si tiene familia y le cuenta que una esposa, Arishat a la que mataron por orden de su marido.

Ella dice que Roma se ahoga en su propia sangre y él le dice que ella disfruta de los placeres del Coliseo, ante lo que se defiende y le dice que hay muchas cosas que no entiende y lo llama Lucio, respondiendo él que no sabe quién cree es y le dice que se llama Hanno y que no recuerda tener madre, pero que si hijo estuviera allí le pediría que no llorara por él, porque el niño del que se alejó está muerto.

Ella le dice que puede pensar que le traicionó, pero que si rechaza el amor de su madre que tome la fuerza de su padre al que ve en él.

Él le pide que se vaya y ella le dice que le querían tanto su padre como ella.

Cuando elle sale la espera Acacio, al que le cuenta que Lucio está vivo.

Él le dice que siguen los juegos y que pocos luchadores vivirán y ella le pide que le ayude, pues ella está dispuesta a dar su vida por Roma, pero no la de su hijo.

Habla con Ravi que ya es libre, pero no regresó a Benarés, su tierra, porque conoció a una mujer de Londinium y ahora son romanos.

Él recuerda que su abuelo le hablaba del sueño de Roma, pero que era muy frágil.

Comienza el segundo día de juegos y él dice a sus hombres que lo importante es sobrevivir.

Ese día se enfrentan a una batalla naval en el coliseo inundado donde representarán la batalla de Salamina de troyanos contra persas mientras nadan tiburones.

Hanno guía sabiamente a sus hombres y logra deshacer a sus enemigos de todos los remos de uno de sus lados y luego los embisten.

Durante la lucha cuerpo a cuerpo, Hanno se hace con una ballesta con la que se dispone a acabar con Acacio, aunque lo empujan y la flecha acaba entre los dos emperadores.

Se proclama vencedor a Hanno, que es aclamado por todos los gladiadores.

Macrino va a ver a Tracio para exigir que le entregue su casa, ya que le debe más de 10.000 denarios, aunque, como sabe que Tracio domina todo lo que pasa en Roma y que Lucila y los senadores confían en él le pide información.

Le confiesa la existencia de un complot para derrocar a los emperadores, aunque el plan se retrasó para rescatar a un gladiador de la arena esa noche.

Esa noche Acacio se dirige con parte de sus hombres a derrocar a los emperadores, pero entretanto, la guardia pretoriana va a su casa para detener a Lucila.

Acacio y sus hombres son sorprendidos también y él y Lucila son llevados ante los emperadores, que les dicen que gracias al civismo de Tracio y Macrino su traición fue descubierta y Caracalla se muestra dispuesto a acabar con él, aunque su hermano lo detiene y señala que su ejecución debe ser pública.

Geta señala a Macrino que está empezando a verlo como un amigo, y este le recomienda cautela, ya que Acacio es un héroe de Roma, por lo que no deben crucificarlo como a los ladrones o los cristianos y le propone que luche en el Coliseo.

Ravi cura a Hanno que le cuenta que soñó que cruzaba un río, y este le explica que ese sueño en su tierra significa el perdón y la salvación. Hanno dice que para ellos significa que ya está muerto, pero no tuvo miedo porque alguien lo esperaba en la otra orilla.

Entre los nombres de los gladiadores, grabados en piedra, ve que tacharon uno y Ravi le cuenta que era Maximo y le lleva a un lugar donde enterraron a los gladiadores rebeldes y donde está su tumba y sus armas y su traje le indica una frase "Lo que hacemos en vida tiene su eco en la eternidad".

En la siguiente jornada de juegos obligan a Lucila, atada, a acudir a estas y anuncian que por su traición, el general Justo Acacio, enemigo del pueblo deberá enfrentarse a la muerte en la arena.

Se enfrentará a cuatro soldados, con los que consigue acabar, por lo que, a continuación debe enfrentarse a Hanno.

La lucha es dura entre ambos y Acacio le dice que sabe que es Lucio Vero Aurelio y se arrodilla ante él y levanta la mano en señal de rendición y el emperador baja el dedo.

Acacio le pide que haga lo que deba, pero le asegura que ama a su madre y a Máximo y habría muerto por él.

Lucio lanza su espada y se arrodilla frente a él y renuncia a matarlo, ante lo que los emperadores piden a los arqueros que lo maten ellos, lo que, en efecto hacen.

Lucio pregunta si así trata Roma a sus héroes y pregunta cuánto vale la vida de los demás entonces.

El público se levanta y proclama a Hanno y protestan por la muerte de su héroe y los emperadores deben retirarse entre las protestas.

Macrino visita luego a Lucio. Le dice que, como le prometió le entregó a Acacio y él lo dejó vivir y él dice que compró un gladiador, no un esclavo y dice que debe haber otra Roma, aunque Macrino le dice que no hay otra y le dice que los dioses le entregaron a él y que él será su instrumento.

La gente en la calle se manifiesta contra los emperadores pidiendo sus cabezas.

Macrino va a ver a Caracalla y le dice que su hermano planea culparlo ante el Senado del caos de las calles y le ayuda luego a acabar con él.

Lucila regresa a ver a Lucio, que le dice que el círculo se ha cerrado. Que ella lo mandó lejos y la vida lo trajo de vuelta a la arena donde Maximo murió.

Ella le muestra el anillo que el abuelo dio a Maximo en señal de confianza y que ella regaló a Acacio por su valor y se lo entrega y él dice que lo llevará junto con el de Arishat y le dice que siente lo de Acacio, porque no supo ver al hombre.

Ella le habla de su plan de ir con las tropas que están en Ostia contra los emperadores.

Y Lucio le dice que ya se ha acostumbrado a perder todo lo que ama y no quiere perderla a ella ahora que la encontró y ella le dice que es como él, listo y orgulloso y se abrazan.

Caracalla convoca al Senado para designar a su primer cónsul, que administre las funciones militares y civiles del imperio y eligió para ello a Dondo, su mono, y como segundo cónsul a Macrino y anuncia que harán un desfile triunfal para celebrarlo y dice que habrá ejecuciones en masa.

Macrino muestra a los senadores la cabeza de Geta y les dice que él puede hacerlo entrar en razón, pero que, para restablecer el orden, necesita poder y el mando del ejército pretoriano y se lo dan.

Macrino va luego a ver a Lucila y le dice que Roma debe caer y él va a empujarla y le dice que el sueño de su padre era una ficción. Que él hablaba de su sueño y él de la verdad, que es la ley del más fuerte.

Que él fue propiedad de un emperador y ahora controla un imperio y le muestra que lleva en su pecho la marca de su padre y le dice que su muerte le abrirá paso hacia el trono en el que se impondrá en los juegos del día siguiente.

Lucio pide a Ravi que lleve un mensaje a Ostia. Debe entregarle el anillo de su abuelo y de Acacio al General Darío Sexto y que le diga que le envía Lucio Vero Aurelio, príncipe de Roma y que convoca al ejército en defensa de una nueva república.

Ravi parte a caballo, en efecto, y muestra a Darío Sexto el anillo de Acacio.

Al día siguiente el emperador acude a los juegos y pregunta a Macrino si es necesario matar a Lucila, y este le dice que no conocerán la paz hasta que muera.

Un senador le advierte que el pueblo la adora y si muere, las calles se alzarán airadas, aunque él asegura que lo aclamarán cuando les entregue la cabeza de Caracalla.

Viggo, el entrenador, dice a Lucio que será su último combate, pues su dueño le hará entrega de la espada de madera de la libertad, aunque para ganarla debe defender a su madre.

Lucio abre la puerta, pues Ravi le dio las llaves y acaba con él antes de ir hasta la tumba de su padre y toma su peto y sus armas.

En el Coliseo anuncian que, como castigo por su conspiración contra el imperio y sus calumnias sobre el linaje imperial del emperador y por instigar a la sublevación militar con su marido, la soberana, Lucila, se someterá a la justicia divina a manos de la guardia pretoriana, junto con los senadores con que conspiró.

Hanno se presenta ante los gladiadores y les dice que no es general, pero que todos son soldados y le pide que se unan a él para luchar por su libertad y les pide fuerza y honor, y todos le secundan.

Fuera anuncian que la soberana tendrá derecho a un gladiador que la defienda de la guardia pretoriana, y será su propio hijo.

Ella, sobre un carro, y atada a una columna confía en su hijo.

Cuando este levanta su espada los gladiadores salen y se enfrentan a la guardia.

Informan a Macrino que el ejército de Acacio está avanzando hacia Roma y él ordena al resto del ejército que los detengan a las puertas de Roma.

En la arena, uno de los soldados acaba con Graco y la guardia pretoriana comienza a disparar contra el pueblo, que se levanta contra ellos.

Macrino aprovecha el momento para clavar en el oído del emperador un pincho.

Lucio sube a rescatar a su madre, pero Macrino lanza una flecha hacia ella que atraviesa su corazón.

Antes de morir, ella le pide que se vaya.

Macrino pide un caballo y huye, y, al verlo, Lucio sube a otro y lo persigue.

Las tropas llegan a las puetas de Roma, donde les salen al paso las tropas del emperador.

Allí Lucio alcanza también a Macrino al que le dice que se llama Lucio Vero Aurelio, ante lo que Macrino le dice que un hombre no es emperador solo por su linaje, que toma el poder a la fuerza y lo mantiene a la fuerza, aunque él dice que no lucha por el poder, sino para liberar a Roma de hombres como él y devolvérsela a ellos.

Macrino dice que los dioses quieren que Roma renazca y le enviaron a él.

Lucio se lanza contra él, mientras las tropas los observan.

Pelean entre ellos con fuerza y acaban en el río, donde Macrino trata de acabar con él, aunque su espada no consigue atravesar el peto.

Lucio siente cómo su padre que le pide fuerza y honor.

Se levanta y golpea a Macrino al que le corta la mano y acaba luego con él.

Se dirige luego a los soldados para decirles que han visto ya demasiadas muertes y no desea que se derrame más sangre en nombre de la tiranía.

Recuerda que su abuelo hablaba del sueño de Roma, un sueño por el que su padre murió, y ese sueño se ha perdido y le pregunta si se atreven a reconstruirlo juntos.

Los soldados envainan sus espadas y dicen que sí.

Vuelve tras ello al Coliseo, donde su madre yace y luego se arrodilla ante la arena que coge entre sus manos y pide a su padre que le hable y siente sus manos acariciando las espigas.

Calificación: 2