Frankenstein
Frankenstein (2025) * USA / México
Duración: 149 min.
Música: Alexandre Desplat
Fotografía: Dan Laustsen
Guion: Guillermo del Toro (Novela: Mary Shelley)
Dirección: Guillermo del Toro
Intérpretes: Oscar Isaac (Víctor Frankenstein), Jacob Elordi (Monstruo), Mia Goth (Elizabeth Lavenza), Felix Kammerer (William Frankenstein), David Bradley (Ciego), Lars Mikkelsen (Capitán Anderson), Christoph Waltz (Henrich Harlander), Christian Convery (Víctor joven), Charles Dance (Leopold Frankenstein),
Preludio. Norte más lejano, 1857
Un barco de la Marina Real Danesa, el Horisont, queda encallado en el hielo, y, bajo las órdenes del capitán Anderson unos marineros hambrientos y agotados tratan de abrirse camino y esperan regresar hacia San Petersburgo, aunque Anderson les asegura que su misión es llegar al Polo Norte y la cumplirán.
Por la noche escuchan una explosión a dos millas y sale una expedición hasta el lugar del que provenía, donde observan la nieve llena de sangre aunque ninguno de los perros del trineo que encuentran está herido, por lo que siguen el rastro de esta hasta encontrar a un hombre herido poco más allá, y se preguntan si lo atacó un oso y observan que lleva una pierna ortopédica.
Escuchan en la lejanía un feroz rugido y ven una enorme sombra.
Llevan al herido hasta el barco, donde, los marineros, armados, esperan a la enorme bestia, que, pese a los disparos, sigue avanzando y acaba con su enorme fuerza con todos los hombres que encuentra a su paso.
El capitán pregunta al hombre que subieron al barco qué es esa cosa.
El monstruo sube al barco y exige que le entreguen al herido, y, aunque algunos lo siguen atacando, él se deshace con facilidad de ellos.
El monstruo llama al hombre herido por su nombre, Victor, pero entonces le disparan repetidamente con un trabuco y cae por la borda, aunque al momento vuelve a levantarse y exige de nuevo que le entreguen a ese hombre, que consigue con su enorme fuerza mover el barco que antes no pudieron movilizar entre todos.
El capitán se hace con el trabuco, del que queda una sola bala, y, aunque le advierten que no acabará con él, no apunta al monstruo, sino al hielo y consigue que se hunda.
Anderson informa al hombre que recogieron que está en el buque real danés Horisont y se presenta como capitán Anderson y a su acompañante como doctor Udsen.
Le dice que el monstruo mató a 6 de sus hombres y el herido les asegura que regresará y matará a muchos más, incluso a todos si no lo entregan.
El capitán le asegura que no volverá, pues está muerto, aunque Victor le asegura que no lo está, pues no puede morir. Que él mismo intentó destruirlo, pero volverá a por él, y si vuelve deben colocarlo en el hielo y permitir que se lo lleve.
Le preguntan qué clase de criatura es esa y qué diablo lo creó, ante lo que el hombre reconoce que fue él quien lo hizo.
Que había decidido que el recuerdo de sus males muriera con él, pero les cuenta finalmente su historia.
Les dice que es Victor Frankenstein y que todo comenzó con su padre y su madre.
Parte I. El relato de Victor
Su padre era barón y un cirujano eminente que se casó con su madre sobre todo por conveniencia por su considerable dote y su noble linaje, lo que le ayudó a conservar su rango y el patrimonio familiar, pero estaba ausente de sus vidas, pese a lo cual, cuando regresaba, todos se sometían a su voluntad.
El resto del tiempo su madre era de él.
Los escuchaba a través de la pared. Discutían constantemente y sus voces le infundían terror, y luego su madre iba llorando hacia él.
Asegura que su padre los despreciaba a los dos.
A él le daba algunas clases de medicina y lo castigaba cuando no se sabía bien lo estudiado, aunque con el tiempo, y según creció ya no le pegaba como antes en las manos, pues eran necesarias para la medicina. Lo golpea en el rostro porque dice, este era solo vanidad.
Llevaba su apellido, y por tanto su reputación.
Un día, cuando su padre se iba a marchar, su madre, que estaba embarazada, se puso de parto y él empezó a rogar a su padre que la salvara mientras la escuchaba gritar.
Su madre murió para gran dolor de él, aunque se salvó su nuevo hijo, William, que creció lleno de luz y sonrisas. Tenía un carácter tranquilo y delicado y su padre lo prefería claramente.
Su madre murió a manos del médico más reputado de su época y él empezó a obsesionarse y le preguntó si dejó que muriera, aunque le respondió que hizo todo lo que pudo, pero que nadie puede vencer a la muerte.
Victor asegura que él la vencerá. Que aprenderá todo lo que su padre sabe y más.
Y esa noche tuvo una visión. Pudo ver por vez primera al Ángel Oscuro en una pesadilla en que este le prometió que dominaría las fuerzas de la vida y de la muerte y se convertiría en un cirujano comparable a su padre y lo superaría en ambición.
El monstruo rompe el hielo con sus manos y el monstruo vuelve a emerger a unos cientos de metros del barco.
Victor recuerda que su caída fue rápida, pues tras dos revueltas y un incendio en las plantaciones de su madre, la fortuna familiar mermó y solo conservaron la finca.
Su padre finalmente murió también.
William se fue con una rama de la familia a Viena. Él a Londres y luego a Edimburgo, donde, durante épocas intentó ampliar los estrechos límites del mundo académico.
En 1855 lo procesaron en el Tribunal Disciplinario del Real Colegio de Medicina.
Señalaba que, sobre el nacimiento no podían hacer nada, pero sí con la muerte, que cree que podrían frenar y pide a los profesores que enseñen a sus alumnos a desafiar más que a obedecer y que pueden detener la muerte.
Muestra el cuerpo de un tendero que le entregaron poco después de morir, con el cerebro expuesto, pero funcional, con las ramas espinales y los nervios vagos intactos al que colocó el brazo de un carpintero con músculos, ligamentos y nervios conectados.
Le coloca en cada lado una corriente eléctrica, y muestra cómo hay un movimiento espasmódico causado por esta, y el cadáver además parece quejarse.
Le dicen que están en una vista, no ante un número de circo.
Pero él lanza una manzana y la criatura la recoge, y les explica que hay coordinación motora entre el ojo de un hombre muerto y el brazo de otro.
Ellos no creen que haya comprensión en un cerebro que ya murió, aunque él pide a ese medio cuerpo que suelte la manzana y le obedece.
Él dice que deberían estudiarlo, pues es posible.
Le piden que pare, pues lo que hace es algo impuro. Una abominación y una obscenidad, pues es Dios quien da la vida y la quita.
Él dice que entonces Dios es un inepto y ellos deben enmendar sus errores y deben olvidarse del temor y de dogmas cobardes.
Aunque fue expulsado, asistió a su demostración un hombre que lo espera en su casa y se presenta como Heinrich Harlander, que lleva con él una carta de presentación de su hermano William, que le dice irá a verlo en unos días para presentarle a su prometida, que es sobrina suya, Elizabeth Harlander, y le muestra unos retratos de ambos.
Le cuenta que William se ha hecho un nombre en el mundo de las finanzas.
Harlander le dice que leyó su artículo en The Lancet y le pregunta si realmente cree que será capaz de reconstruir a un hombre y dar vida a un cuerpo totalmente nuevo.
Que a él le pareció brillante, pero que actuó como un niño emocionado y dice que debe contenerse o acabará quemándose las manos como Prometeo.
Le explica que en tres días se reunirán con William y Elizabeth y ese día cambiará su destino, pues le mostrará algo extraordinario.
Ve cómo Harlander hace fotografías artísticas a una joven cuando llega a verlo con los papeles donde muestra sus teorías.
Harlander tiene algunos conocimientos y le dice que sabe que terminó su clase porque la fuerza vital galvánica se estaba agotando, y lo sabe, porque fue cirujano del ejército en el pasado, aunque ahora es comerciante de armas.
Le muestra las cuatro planchas de Evelyn, que Victor conocía, con disecciones minuciosas que muestran los nervios, venas y arterias de unos cadáveres, pero le explica que hay una quinta tabla, y se la muestra. Es carne pegada a la madera.
Se hizo con un cadáver despellejado capa tras capa y el tejido restante se barnizó con resina, lo que expone el sistema linfático, es decir, el sistema circulatorio, y hace hincapié en la parte que rodea el corazón que puede distribuir y almacenar energía, aunque es muy difícil acceder a él sin destruir el tejido que lo rodea, y Víctor señala que podría hacerlo, pero por la espalda y así podrían conseguir la cicatrización y regeneración, y, en definitiva, la vida eterna.
Harlander se ofrece a dotar su investigación de recursos ilimitados, pues desea registrar su proceso para la posterioridad, aunque Victor le dice que trabaja solo, pero que lo considerará, antes de recibir a su hermano William y a Elizabeth.
William lamenta que fuera expulsado, aunque Victor dice que se lo mereció, aunque William no entiende que los provocara, e indica que siempre trató de llamar la atención.
Él dice que es algo tan importante que no debe susurrarse.
Elizabeth sonríe y le rebate, momento en que su tío y William se retiran mientras ella le expone que los hombres mueren por sus ideales de forma poca elevada en las guerras, pues caen en un campo de batalla remoto y lejos de los hombres que causan esas tragedias, y que eso es lo que ocurre cuando los hombres necios persiguen sus ideas, y él le pregunta si cree que él es un necio.
Se interrumpe el relato cuando un hombre dice que han visto al hombre acercarse entre la neblina, algo que el capitán piensa que es imposible, pues todos lo vieron ahogarse, aunque le indican que todos los hombres están aterrados y piensan que lo mejor es abandonar a ese hombre en el hielo, a lo que les responde que ese hombre está bajo su protección.
Prosigue el relato contando que unos días más tarde viajó con su hermano y con Harlander hasta un lago cerca de Vaduz, al otro lado del canal. A una torre que se construyó como planta de filtración de agua para irrigar los campos, y asegura que al ver la torre sintió que el destino lo llamaba.
Pidió todo lo que deseaba, incluyendo un pararrayos de plata pura.
Victor busca un cuerpo fuerte entre los hombres que están a punto de ser ajusticiados.
Más tarde, y cerca de allí, en el mercado callejero, descubre a Elizabeth a la que sigue hasta la iglesia y ve que va a confesarse, por lo que se cuela en el confesionario.
Ella cuenta que estuvo en un convento y en una semana volvió a pecar de pensamiento con el hermano de su prometido al que dice odiar porque es un hombre grotesco que trata de controlar y manipular todo y a todos a su alrededor y se hace la víctima, aunque es más burdo de lo que cree.
Luego le dice que enseguida lo vio, pues era fácil de distinguir incluso en el mercado.
Van a comer juntos y le dice que ella lo descubrió antes que él la viera a ella.
La invita a bailar juntos y ella accede aunque dice que no le parece apropiado.
Cuenta que por vez primera se interesó más por la vida y menos por la muerte.
Entretanto va montando su taller y pide a su hermano que lo supervise todo mientras él regresa a la ciudad y sigue viendo a Elizabeth.
Consiguen el pararrayos de plata con puntos de conducción hacia el sistema linfático
Explica a Harlander, durante una fiesta en que tocó Elizabeth que está muy cerca de una solución con un punto de acceso al sistema linfático, aunque Harlander le indica que la guerra está decayendo y que su financiación terminará con ella y le indica que en una semana habrá una batalla cerca y muchos cuerpos destrozados.
Recuerda que estaba cerca de la solución, y, de repente, la vida se interpuso.
Llama a su puerta Elizabeth y le muestra el laboratorio.
Él le dice que hay un vínculo entre ellos casi físico, a lo que ella le responde que creer algo no lo convierte en realidad y que la elección es el único don que Dios les ha dado y le dice que ella ha elegido ya, tras lo que sale corriendo.
Sigue con sus avances, y cuando creía haber fracasado, de pronto tuvo una idea. La simetría y ve cómo, al colocar la pila por encima del sistema linfático el cadáver diseccionado reacciona con dolor.
Tiene lugar, como le indicó Harlander una batalla muy cerca de allí, y entre los numerosos cadáveres que hay sobre la nieve, él indica los que desea llevarse, y se fija en que el hielo y la putrefacción no hayan destruido el tejido y prioriza los especímenes altos con extremidades largas y con la cabeza intacta.
Consigue numerosos cadáveres que va examinando luego en el laboratorio.
Disecciona y recompone un cuerpo con las partes que elige y se deshace de los restos.
Comienza una tormenta eléctrica y eleva a la criatura, sujeta en una cruz.
Descubre entonces que Harlander está enfermo de sífilis y toma por ello mercurio y dice que no puede enfrentarse a una muerte tan vulgar y desea por ello que su cerebro sea introducido en ese nuevo cuerpo perfecto.
Victor le dice que no en ese momento, y Harlander le dice que tiene que ser en ese momento, pues no hay un después.
Frankenstein sube hasta la torre, donde coloca el pararrayos, y Harlander le recuerda que le dio ya todo lo que quería y que le puede dar incluso a Elizabeth, pero Frankenstein le dice que la enfermedad se ha expandido por su interior, pues es sistémica y todos sus órganos están contaminados, incluyendo el cerebro, y por ello se niega.
Harlander le quita entonces una de las partes de su pararrayos, imprescindible para su experimento, y mientras discuten pierde pie y resbala. Victor trata de evitar que caiga, pero se rompe y manga y cae por el agujero que comunica la torre con el laboratorio.
Victor baja y comprueba que murió y recoge la parte del pararrayos que le faltaba.
Coloca luego el pararrayos sobre la cabeza de la criatura, y poco después un rayo impacta en el mecanismo puesto sobre su cabeza, y carga la pila que colocó sobre él.
Pero esta comienza a debilitarse cuando lo baja y se asusta al pensar que no lo consiguió, por lo que golpea el pecho de la criatura, rabioso.
Se acuesta. Lo despierta una voz que lo llama.
Ve frente a él a la criatura, viva y se asusta.
Le muestra luego sus manos para que observe que son iguales a las de él.
Pero cuando abre la ventana, y al ver la luz, se asusta, pero él le dice que no debe asustarse, que es el sol y que este es vida.
Repite luego su nombre, Victor, y la criatura lo pronuncia también y él pone su cabeza para escuchar su corazón.
William y Elizabeth reciben una carta y ella indica que deberían visitar a su tío.
Victor muestra a la criatura el agua y le enseña a caminar y observa que es muy fuerte y decide por ello atarlo con cadenas.
Le fascina ver que para él todo era nuevo y él estaba allí para modelarlo.
Victor continúa con el capitán Anderson, que le indica que su propósito es continuar adelante con el barco, por lo que Frankenstein concluye que comparte su locura.
Sigue con el relato. Cuenta que pasaron semanas, y, mientras su fuerza aumentaba rápidamente, la de él disminuía, aunque no había una evolución del lenguaje.
Lo observa y ve que todo va cicatrizando bien.
Se raja la mano al coger la navaja de afeitar y debe curarlo, aunque observa que la herida se cierra de inmediato.
Es fuerte, pero a pesar de todo le tienen miedo y solo sabe decir Victor.
William y Elizabeth viajan para verlo de nuevo.
Preguntan por Harlander. Les dice que no está allí y que volverá en unos días.
Le muestra tras ello a Elizabeth a la criatura, que ve por vez primera a una mujer, y esta le acerca la mano y le muestra su rostro y deja que vea sus delicadas manos, con las que lo acaricia, observando sus cicatrices y le pregunta quién le hizo daño.
William le dice a Victor que habló con la real sociedad de medicina y están interesados en verlo, aunque él dice que aún no está preparado.
Elizabeth le pregunta por ese hombre y le pregunta si es un paciente o una víctima y si las heridas se las hizo él, a lo que le responde que él le dio vida.
Se lo muestra luego a William que se queda sorprendido al ver que lo consiguió.
Les cuenta que las cicatrices van cerrando poco a poco y que está encadenado por la seguridad de ambos.
Le preguntan si es inteligente, pero no responde.
William le dice que es inquietante y se pregunta en qué parte está el alma.
Elizabeth baja de nuevo a verlo y él le regala una hoja como las que suele observar cuando se las lleva el agua y ella trata de que hable y le repite su nombre, Elizabeth, aunque solo consigue hacerlo cuando ella ya se ha marchado.
Victor le dice que no debería acercarse, pues tiene vida, pero no la chispa de la inteligencia, pues cree que algo salió mal, aunque ella cree que su espíritu puede ser más puro que el hombre común y vio dolor en sus ojos, prueba de inteligencia, y le dice que solo los monstruos juegan a ser Dios.
Trata de enseñarle cosas golpeándolo y llamándolo bestia, con lo que consigue que él se enfade y coja la barra con la que lo golpeaba y la dobla.
Le dice a su hermano que se equivocó y que la criatura es muy peligrosa y le muestra el cuerpo de Harlander conservado en hielo, y al que dice, mató la criatura en un ataque de furia.
Le indica luego que deben partir de inmediato a Viena por algo que surgió.
Antes de partir, William le pregunta cuál es la esperanza de vida de la criatura y le responde que muy breve.
De hecho, Victor decide destruir el laboratorio.
Entretanto, y ya de camino, Elizabeth dice que tiene un presentimiento terrible. Dice que cree que va a matarlo, por lo que pide a William que dé la vuelta al carruaje.
En el laboratorio, Victor pide a la criatura que diga cualquier otra palabra para no acabar con él, pero vuelve a repetir Victor, aunque luego dice Elizabeth.
Pese a todo, sigue derramando el líquido inflamable y lanza una cerilla y deja atado al monstruo, que se ve rodeado de fuego y grita con desesperación su nombre.
Este, al escuchar su grito de socorro corre de vuelta para tratar de salvarlo, pero al abrir la puerta una bocanada de fuego lo lanza hacia el exterior y pierde su pierna.
William y Elizabeth llegan en el momento en que explota la torre.
Victor cuenta en el barco que aquel no fue el final. Que al buscar la vida creó la muerte.
El capitán sale para tratar de calmar a su tripulación cuando aparece el monstruo, que se dispone a acabar con el propio capitán, aunque entonces Victor le pide que no lo haga, que él está allí y puede llevarlo.
El capitán le dice que les mate y confirme el relato de su creador, pero entonces la criatura dice que su creador contó su relato, y ahora él le contará el suyo.
Parte II. El relato de la criatura
Recuerda que cuando el fuego se acercaba gritó su nombre y comprendió que estaba solo.
Logró arrancar la barra a la que estaban sujetas las cadenas que cortó luego.
Y, como las hojas, se deslizó por la corriente de agua mientras el fuego avanzaba hasta acabar hundido en el mar para despertar en la orilla, tras lo que se adentró en el bosque.
Allí encontró un esqueleto y se hizo con su ropa.
Se acercó luego a un ciervo que no se asustó al verlo y comió hojas de su mano y él probó también las hojas, aunque, mientras daba de comer al animal este fue abatido por un disparo y vio dos hombres, que, al verlo, le dispararon a él, que huyó, mientras le perseguían.
Aunque le alcanzaron sus disparos, sus heridas sanaban, pero sentía mucho frío, por lo que se ocultó en una granja cercana.
Poco después llegó una familia en su carreta.
Escondido, escucha al despertar cómo los hombres cuentan que dispararon a esa cosa, pero que el rastro de sangre terminaba a una milla de allí y le perdieron la pista, y aseguran que no era un oso ni era humano.
Entretanto, la niña pequeña lleva a su abuelo ciego junto a la chimenea.
Asegura que el anciano le conmovió.
Observó que esas personas utilizaban sonidos para expresar sentimientos e ideas y se fija sobre todo en el anciano y en su nieta en el campo y ve cómo el abuelo le enseña palabras que él va memorizando.
Él deseaba formar parte de esa familia y ser su benefactor, y pueden ver, al despertarse que él recogió leña para ellos, que creen que fue el espíritu del bosque.
Se convirtió en su guardián invisible y ellos le dejaban ropa, pan, y asegura que, por un breve momento el mundo y él estuvieron en paz.
Pero un día aparecieron los lobos dispuestos a acabar con las ovejas y ve cómo acaban con ellos a tiros, aunque comprendió que el cazador no odiaba al lobo y el lobo no odiaba a la oveja, pero que la violencia parecía inevitable entre ellos y pensó que quizá el mundo podía ser así, que podía darte caza y matarte solo por ser quien eres.
Después del ataque deciden vender las ovejas e irse al pueblo. Mientras los hombres irán a las montañas, cazarán a los lobos y regresarán al final del invierno.
Pero el anciano se niega a marcharse. Siempre estuvo allí en el invierno y allí seguirá.
Y cuando la familia se marcha, el anciano dice: "Ahora estamos solos tú y yo, espíritu".
Había pensado en muchas maneras de presentarse ante el anciano sin saber si le temería, le daría la bienvenida o le rechazaría.
Entró en la casa, aquel mundo que solo había visto en secreto.
Le pregunta quién es y le dice que está de viaje y el anciano le da la bienvenida y nota que le cuesta expresarse.
Se le cae el vaso y el anciano le nota asustado y le asegura que no tiene por qué tener miedo y le pregunta qué le asusta y él le dice que todo, y al tocarlo nota sus manos frías y sus cicatrices y que viste uniforme.
Sabe que se escondía en los engranajes del molino y él dice que comparta su comida, su fuego y su compañía.
El anciano le pide que le lea y le indica que debe considerarlo su amigo.
Gracias a él aprendió a hablar con fluidez y a leer. Y leyó entonces su primer libro. Era sobre un hombre llamado Adán y una mujer llamada Eva y luego muchas más cosas.
Llegó el invierno y la nieve y preguntó al anciano si había más libros en el mundo, y le dijo que unos cuantos más y lee algún otro.
Él dice que desea saber quién es y de dónde viene.
El anciano le cuenta que años atrás quitó la vida a un buen hombre y desde entonces están expiando, pero él dice que no puede olvidar lo que no puede recordar.
Que en sus sueños puede ver recuerdos de diversos hombres. Pedazos, aunque sí recuerda el fuego y el agua y arena bajo sus pies y una sola palabra: Victor, y el anciano le recomienda que acuda a la palabra.
Regresó tras ello a su origen, hasta los restos de la torre, donde encontró algunos fragmentos de documentos y entonces supo el horror de la verdad y comprendió que no era nada, que ni siquiera era de la misma naturaleza que el hombre, y ese dolor se adueñó de su mente y nunca se libró de él.
Encuentra el cuaderno donde estaba el proyecto, una placa con la imagen de Elizabeth y un sobre con el nombre de su creador, Victor Frankenstein y su dirección.
Cuando regresó a la granja se dio cuenta de que habían entrado los lobos y entró para salvar al hombre, aunque también lo atacaron a él, que luchó contra ellos hasta matar al más fiero, tras lo que huyeron los demás.
Pero el anciano estaba malherido ya.
Le dice que descubrió quién es y de qué está hecho. Dice que es el hijo de un osario, un despojo hecho de restos de muertos. Un monstruo, aunque el anciano le dice que es un buen hombre y que es su amigo.
Escucha voces fuera. Ve que regresaron los cazadores que, al ver herido al anciano le preguntan qué le hizo, y pensando que fue él quien lo atacó le disparan y uno de ellos le clava un cuchillo, aunque él se deshace fácilmente de él.
Sale luego afuera y se aleja, mientras los cazadores siguen tras él y le disparan.
Dice que de nuevo se produjo el silencio, y luego, la despiadada vida.
Recobró la vida y despertó tirado en la nieve.
No sabe cuánto tiempo estuvo muerto, pero vio cómo sanaban sus heridas, pese a lo cual se sintió más solo que nunca.
Comenta que los hombres tienen un remedio para atajar el dolor. La muerte. Algo que a él también se le negó, y creció en él la envidia y decidió exigir una sola gracia a su creador, al que reclamó una compañera.
Victor, en su casa, vuelve a tener una pesadilla con el Ángel Oscuro.
Entretanto, William lo reclama, pues se va a celebrar su boda y le cuenta que habló con algunos invitados sobre la investigación por la explosión y la mayoría lo aceptan como un terrible accidente.
La boda será un gran acontecimiento social.
Victor baja a ver a la novia, ya vestida para la ceremonia y le cuenta que antes carecía de remordimientos, pero ahora se siente distinto y ahora la ve como debería y les desea a ella y a su hermano lo mejor.
Ella le pide que deje las mentiras y que se vaya de sus aposentos e incluso lo abofetea.
Elizabeth observa luego la hoja que le dio la criatura y que guarda en un libro.
Mientras se aleja, Victor ve algo por la ventana y cierra la puerta, y, al presentir la presencia del monstruo le pide que salga de las sombras.
Emerge, en efecto, y Victor le pregunta si va a darle las gracias, pues sobrevivió y es tan inteligente como poder encontrarlo, y concluye que hizo un buen trabajo.
La criatura le dice que necesita que cree una compañera para él.
Él concluye que quiere que cree otro monstruo y la criatura le dice que serán dos monstruos juntos.
Victor le dice que le costó abandonar la locura y ahora está allí él, la locura volviendo a tentarle.
La criatura le recuerda que no puede morir ni puede vivir.
Victor dice que creó algo terrible, y él dice que no algo, sino a alguien que piensa y siente y le pide que cree a otra criatura como él, aunque le dice que eso podría dar lugar a la procreación y la reproducción y se crearía una raza de demonios que se propagaría por el mundo. La aberración perpetuándose.
La criatura le dice que aunque sea algo aberrante para él, existe, pese a lo cual Victor le dice que no va a volver a crear algo como él, malvado y deforme.
La criatura le reprocha que todo siga dependiendo de su voluntad, esa horrenda voluntad que le obligó a nacer y que ahora lo condena.
Y que el milagro no es que él hable, sino que, por una vez, él escuche.
Lanza tras ello, muy enfadado, a su creador contra una columna y le dice que si no va a concederle el amor se entregará a la ira, que es infinita, y lo lanza de nuevo contra un mueble, que escuchan en el salón de invitados.
También lo escucha Elizabeth, que, ya vestida de novia, acude, al escuchar el estruendo a la sala en que está la criatura y se abrazan.
Victor coge del suelo una pistola y pide a Elizabeth que se aparte de "eso" mientras le apunta, pero cuando finalmente le dispara ella se interpone y la bala acaba con ella.
Cuando llegan los demás invitados Victor dice que la atacó y la gente se lanza hacia él, que se deshace de ellos con facilidad lanzándolos con fuerza, incluyendo a William, que sufre un fuerte golpe en su cabeza al ser golpeado contra un mueble.
Toma a Elizabeth en sus brazos y ella le pide que se la lleve con él, y, entre el horror de todos los invitados a la boda, que le abren paso, se aleja con ella.
Victor repara entonces en su hermano, gravemente herido y le dice que él puede salvarlo, aunque William le pregunta que si de él y le confiesa que le teme y que siempre lo temió. Que la conflagración que lo devoró todo procedía de él, y le dice que él es el monstruo, siendo esas son sus últimas palabras.
Victor coge tras ello una escopeta, dispuesto a acabar con su creación.
Este lleva a Elizabeth hasta una cueva.
Allí, Elizabeth le dice que su lugar nunca estuvo en ese mundo. Que buscaba y anhelaba algo que no sabía definir y lo encontró en él.
Que estar perdida y ser encontrada es el tiempo de vida del amor. Y en esa brevedad este se ha convertido en eterno y le asegura que no hay mejor forma de apagarse que con sus ojos mirándola, tras lo que fallece.
Victor sale tras su rastro hasta la cueva, donde encuentra a Elizabeth ya muerta.
La criatura le dice que ella se fue y él anhela seguirla.
Recuerda que él le dio una vida que no quería y ahora va a dársela a él.
Que lo considera un monstruo y le va a devolver el favor.
Victor le pide que acabe con él, aunque le hará sangrar y hacerle sentirse humilde, y, aunque sea su creador, él ahora va a ser su amo.
La criatura sale tras ello y Victor, herido, comienza a perseguirlo y le dispara, y, aunque comprueba que está herido y sangrando, no cae.
Desde ese día lo persiguió. El monstruo recuerda que lo buscó más allá de los bosques y de las montañas y de los horizontes helados, hasta que solo quedaron ellos dos.
Llegaron así al polo, donde Victor compró cartuchos y dinamita.
Acampa y ve desde allí a la criatura en el horizonte y prepara su arma y le espera dentro de su tienda y le dispara a la mano cuando asoma.
Pero, pese a la herida, la criatura lo coge y lo arrastra por la nieve, tirando al hacerlo el candil que prende fuego a la tienda.
Le dice que solo le escucha cuando le hace daño.
Victor saca un cuchillo que la criatura le arrebata con facilidad y se lo clava a él en el hombro y descubre los cartuchos y le pregunta si cree que eso le destruirá, y le pide que lo encienda y rece para que lo haga, pues de lo contrario, irá de nuevo a por él.
Una vez que enciende el cartucho le pide que corra mientras él se queda con el cartucho en la mano, y poco después estalla.
Victor estaba muy mal, herido, tal como lo encontraron los marineros, pero pese a la explosión la criatura seguía viva y su piel abrasada se regeneraba y sus huesos se recomponían pese a la enorme explosión, por lo que le quedaba un solo camino.
Fue entonces cuando los exploradores lo encontraron.
Cuenta al capitán que la sangre del exterior de la tienda era solo suya y sabe que sangrará y padecerá y nunca acabará.
Victor coge entonces su mano y le dice que lo siente y que el arrepentimiento le consume y que ahora ve su vida cómo fue.
La criatura le dice, "ya puedes irte, creador. Desvanécete. Será tan solo un breve momento. Mi nacimiento, mi dolor, tu pérdida".
Sabe que no va a ser castigado ni absuelto. Que la esperanza que tenía y la rabia ya no son nada y que la corriente que le llevó allí viene a llevarlo y a dejarlo a él varado.
Victor le pide que le perdone. Pone su mano en su cabeza y lo llama "hijo mío" y le pide que perdone su propia existencia y le dice que no le queda otro remedio que vivir y le pide que diga ese nombre que su padre le puso y que no significaba nada hasta ese momento, por lo que le pide que se lo devuelva como lo dijo al principio, cuando lo significaba todo para él.
La criatura le, dice "Víctor, te perdono". Este muere y su criatura le besa en la frente y llora y le pide que descanse y lo llama padre, y le dice que tal vez ahora los dos puedan ser humanos.
El capitán pide a los hombres que dejen que la criatura se vaya.
Baja en efecto del barco, aunque antes de alejarse lo empuja con su enorme fuerza y consigue que el barco desencalle y salga a mar abierto, liberados del hielo.
El capitán anuncia entonces que regresan a casa, lo que aplaude toda la tripulación.
El monstruo se aleja hacia el horizonte y deja que el sol bañe su rostro mientras una lágrima corre por su mejilla.
"Y así el corazón por roto que esté, seguirá viviendo" (Lord Byron).